CIUDAD MCY.- El 5 de agosto de 1966 sale al mercado Revolver, el séptimo álbum de estudio de The Beatles, un verdadero salto evolutivo para la banda de los cuatro de Liverpool que dibujó la frontera definitiva entre el pop contemporáneo y la música como arte experimental de vanguardia. Ya no más giras y presentaciones, desde ese momento el estudio de grabación transformó todo.
Antes de Revolver, para Beatles el estudio de grabación era visto principalmente como un espacio para capturar la energía de una interpretación en vivo. Con la guía de la producción de George Martin y experto en sonido Geoff Emerick, transformaron a Abbey Road en un laboratorio musical.
El álbum fue pionero en el uso sistemático de repeticiones de cinta como una manipulación sonora, por ello el tema «Tomorrow Never Knows» se lleva cinco bucles de cinta hechos a mano, voces pasadas por altavoces Leslie y ritmos hipnóticos que cimentaron la psicodelia.
Además, hicieron gala de mezclas revolucionarias como el uso del doble tracking para duplicar voces de forma automática y la microfonía cercana para la batería y los instrumentos de cuerda como se aprecia en «Eleanor Rigby» que crearon una presencia sonora inédita.
George Harrison, como siempre lo fue innovador e inclusivo, agrega instrumentación india con la canción «Love You To», al llevar la ejecución de la cítara y la tabla en la estructura de una canción de rock.
Líricamente, Revolver es madurez al abandonar la fórmula clásica de composiciónes para adolescentes enamoradizos para explorar temas existenciales, el aislamiento urbano, la política financiera como en «Taxman» y las experiencias lisérgicas.
A nivel creativo muestra un equilibrio perfecto entre los tres de las letras más creativas, como fueron McCartney melancólico en «For No One»), el Lennon filosófico en «I’m Only Sleeping» y el Harrison compositor del profundo “comeflorismo”, ojo, no es despectivo, así mencionamos los aficionados a los que lo apartamos de los otros dos gigantes.
La carátula, hoy vestigio memográfico en los románticos que no olvidamos los acetatos, fue una combinación de dibujos a tinta y collage creada por Klaus Voormann, que por cierto, ganó un Grammy como mejor arte gráfico al año siguiente.
Es justo aclarar, que muchos nombrábamos equivocadamente el LP como “Revólver”, sí, como el arma de fuego, y no es así. El título hace referencia al movimiento giratorio de los vinilos en los tocadiscos.
Con Revolver se demostró que el rock and roll podía hablar de tú a tú con la música académica, con lo más avanzado y con las tradiciones sonoras globales. De no existir este disco, géneros enteros como el rock psicodélico, el pop académico, el britpop y el indie rock carecerían del mapa genético que hoy los define.
Más que un álbum, Revolver fue la prueba definitiva de que un disco podía ser una obra de arte total.
MARCOS GAVIDIA
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