De compañeros de juego a sostén emocional, así evoluciona la amistad a lo largo de la vida. En efeméride del 30 de julio, se reflexiona sobre porqué ese lazo, aunque cambie de forma, nunca deja de ser necesario

CIUDAD MCY.- Hay vínculos que se eligen y otros que simplemente ocurren. La familia es de estos últimos: un lazo que llega sin haberlo buscado. Los amigos, en cambio, son la prueba de que alguien decidió quedarse.

Esa libertad de elección es, quizás, lo que hace que la amistad tenga un peso emocional tan particular porque no responde a una obligación de sangre, sino a una afinidad genuina que se construye con el tiempo.

La psicología social lleva décadas insistiendo en algo simple pero profundo, el ser humano es, ante todo, un ser relacional. No solo necesitamos a otros para sobrevivir, sino para saber quiénes somos.

Es en el contacto con los demás donde aprendemos a reconocernos, y donde muchas veces encontramos, sin buscarlo, a esa persona que termina sabiendo de nosotros más de lo que sabemos nosotros mismos.

DE JUEGO A IDENTIDAD

La función de la amistad cambia según la etapa de la vida, pero su esencia se mantiene. En la infancia, los amigos son compañeros de juego: ahí se aprenden las primeras reglas de convivencia, como esperar el turno o tolerar una frustración.

En la adolescencia, esa amistad se vuelve refugio e identidad. El grupo empieza a ocupar un lugar tan central que, muchas veces, termina sabiendo de nosotros cosas que ni la propia familia llega a ver. No es casualidad que algunas de las amistades nazcan justamente ahí, en esos años donde todavía se está descubriendo quiénes somos.

AMIGOS DE SIEMPRE

Ya en la adultez, esa amistad de la adolescencia muchas veces se transforma en historia compartida. Basta pensar en esos grupos de amigos que la cultura popular convirtió casi en un ideal a seguir, esas seis personas compartiendo en una panadería año tras año, sosteniéndose entre trabajos nuevos, rupturas y mudanzas.

O en ese trío de amigos que atraviesa un colegio de magia y termina enfrentando, literalmente, al mal absoluto, sin soltarse la mano. Esas amistades quedaron grabadas en el imaginario colectivo, precisamente, porque tocan la certeza de que hay personas que, pase lo que pase, van a seguir ahí.

Y aunque en la vida real pocas amistades tengan la intensidad de un guion, todos tenemos, al menos, a alguien que ocupa ese lugar: el amigo de siempre, el que estuvo antes de que supiéramos bien quiénes éramos y que, de alguna manera, ayudó a construirlo.

ELEGIR QUEDARSE

Quizás por eso esas amistades de ficción quedaron tan grabadas en el imaginario colectivo, porque tocan algo que todos reconocemos como real. Cada 30 de julio, es el Día Internacional de la Amistad, funciona entonces, como el momento perfecto para pensar en eso, en quién es esa persona que uno elige tener cerca no por costumbre ni por obligación, sino porque, sencillamente, la vida se siente mejor acompañada.

REINYMAR TOVAR

FOTOS : CORTESIA