CIUDAD MCY.- conocido como «transferencia o activación por esfuerzo dinámico», cuando la energía de la onda sísmica que se propaga puede provocar un nuevo terremoto, generalmente en zonas ya vulnerables y propensas a la actividad sísmica frecuente como las regiones volcánicas.

Entre los ejemplos de grandes eventos que desencadenaron «sismicidad a distancia» se incluyen el terremoto de 7,3 de Landers (California, EEUU) de 1992; el de Denali (Alaska, EEUU) de 2002 de 7,9; y el de Sumatra de 2004 (magnitud 9,1), que rompió una superficie de aproximadamente 1.300 por 200 kilómetros y provocó réplicas desde el norte de Sumatra hasta una zona situada justo al sur de Myanmar, a unos 4.388 kilómetros de distancia.

Además el organismo aclara que «si un terremoto desencadenado se produce a una distancia equivalente a unas dos o tres veces la longitud de la ruptura de la falla asociada al sismo principal, dicho terremoto se considera una réplica, y no un evento desencadenado».

Sin embargo, los estudios del USGS y los modelos sísmicos globales responden a diversas interrogantes y aclaran que no existe evidencia técnica para afirmar que terremotos ocurridos en distintos continentes y a miles de kilómetros de distancia formen una cadena de eventos o un efecto dominó. La transferencia de tensión sísmica capaz de provocar réplicas directas ocurre a nivel local o regional en fallas adyacentes, y no existe demostración de que un sismo desencadene otro a miles de kilómetros en fallas sin conexión estructural.

NO EXISTE REPUTE ATÍPICO EN 2026

A pesar de la percepción pública de un planeta convulso, los registros históricos del USGS desmienten también que exista un repunte atípico o anormal de la sismicidad global en 2026. Según sus datos, un ciclo anual promedio en la Tierra contempla cuantitativamente unos 16 sismos de gran potencia, aproximadamente 15 son de magnitud 7 y al menos uno de 8 o superior.

Bajo este estándar de la dinámica terrestre, la cifra total de sismos registrados en 2026 en el Cinturón de Fuego del Pacífico y otras zonas del mundo se mantiene perfectamente dentro de los rangos estadísticos esperados. De hecho, el año con mayor cantidad de terremotos importantes (de magnitud igual o superior a 7.0), fue el 2010 con 23 eventos.

Según un reporte del medio El Colombiano, la sensación generalizada de que «ahora tiembla más que antes» se explica principalmente por tres factores ajenos a la dinámica interna de la Tierra: la inmediatez de las redes sísmicas modernas, la proliferación de aplicaciones móviles que notifican cualquier movimiento en tiempo real y la mayor sensibilidad de los sismógrafos actuales, que registran microsismos de baja intensidad que antes pasaban inadvertidos.

Asimismo, el crecimiento de las zonas urbanas sobre áreas sísmicamente activas incrementa el impacto social y mediático de sismos moderados. Por su parte, la ciencia mantiene su atención puesta no en falsas reacciones en cadena, sino en el análisis del llamado ‘silencio sísmico’, que son los períodos de calma en fallas activas que acumulan energía de tensión a largo plazo.

Sobre esto, ponen sus ojos en zonas que han calificado como críticas y entre las que se encuentran el litoral de Perú, donde  Lima acumula más de 280 años sin liberar energía superior a los 7 puntos de magnitud, la Falla de San Andrés en EEUU con más de un siglo sin presentar fracturas, la Brecha de Guerrero en México que tiene acumulado más de 100 años, la Fosa de Nankai en Japón y la Falla de Anatolia en Turquía que también mantienen en alerta a los sismólogos.

FUENTE : RT

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