El calor de los tambores y el murmullo milenario de las montañas se dieron cita en las aulas del saber, donde la memoria colectiva cobró voz propia para transformar el futuro de la juventud venezolana
REINA BETANCOURT | CIUDAD MCY .-En los espacios del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces), el aire vibró con un eco de dignidad y raíz profunda. Impulsado por Fundacite a través del programa Mujeres en la Ciencia y las Tecnologías, se desarrolló con éxito el taller formativo «Cultura Afrodescendiente y Resistencia Indígena», una apuesta pedagógica dirigida a los estudiantes del Bachillerato Productivo que busca sembrar conciencia, orgullo y emancipación cultural en las nuevas generaciones.
La jornada abrió sus compases hacia el corazón de los pueblos originarios de la mano de Carmen Guamare, coordinadora estadal de la Misión Guaicaipuro, y la profesora Isis Lugo, del Movimiento Bolivariano de Maestros.
Con una narrativa cercana y esclarecedora, las ponentes recordaron que el estado Aragua resguarda con orgullo la presencia viva de veintidós pueblos indígenas, cada uno portador de una cosmovisión única.
Los jóvenes adentraron sus sentidos en la cosmogonía aborigen, la medicina tradicional, los secretos de la agricultura sustentable y una gastronomía que es, ante todo, un acto de comunión con la naturaleza.
Lejos de ser reliquias del pasado, las enseñanzas de los ancestros se presentaron como una brújula ética para los retos ecológicos y humanos del siglo XXI, recordando la profunda armonía que define el vínculo entre el ser humano y su entorno.
Durante esta jornada la montaña habló a través de sus sabios, el viento costero y la sabana respondieron con el compás de la herencia africana, guiados magistralmente por Yamileth López y Adelis Blanco, voces insignes de la agrupación cultural Choroni Song.
Las expositoras tejieron un puente invisible entre el pasado de esclavitud y la libertad presente, revelando los ingeniosos mecanismos de supervivencia creados por los antepasados.
Los estudiantes descubrieron cómo el repique del tambor no era solo música, sino un sofisticado código de comunicación cifrada para la libertad, y cómo los intrincados peinados y trenzas tejían sobre las cabezas verdaderos mapas de escape y estrategias de resistencia.
La culminación de este encuentro no dejó espacios para la indiferencia. La actividad logró su cometido más profundo: trascender el aula para convertirse en un espejo donde la juventud aragüeña pudo mirarse sin complejos, reconociéndose como el fruto luminoso de una fusión histórica inquebrantable.
Entre saberes milenarios, aromas tradicionales y el eco persistente de la resistencia, los estudiantes comprendieron que la ciencia, la tecnología y el desarrollo social solo adquieren verdadero sentido cuando están arraigados en la memoria, la identidad y la soberanía de los pueblos.
REINA BETANCOURT | CIUDAD MCY
FOTOS | CORTESIA FUNDACITE

