Desde el apartado institucional conmemorativo en la ONU hasta la irrupción de la inteligencia artificial y el emprendedurismo digital, la estructura familiar se reinventa para preservar los vínculos afectivos en un mundo en constante conexión
CIUDAD MCY.- Cada 15 de mayo el calendario internacional hace una pausa para conmemorar a la unidad elemental de toda civilización como es la familia. Lo que antes se entendía bajo un concepto rígido y tradicional, hoy se manifiesta como un organismo dinámico y en constante transformación.
El Día Internacional de las Familias no solo es un recordatorio para resaltar los lazos sanguíneos, genealógicos o de códigos del ADN, sino un espacio para reflexionar sobre cómo el afecto y la crianza se adapta a las revoluciones tecnológicas y sociales del siglo XXI.
ORIGEN
La institucionalización de esta fecha no nació casualmente, cuando en 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas oficializó la data como una jornada global, cuyo objetivo inicial era elevar la conciencia sobre los problemas económicos, sociales y demográficos que afectaban a las familias en la globalización incipiente.
La ONU buscaba que los Estados-miembros diseñaran políticas públicas que no solo protegieran el núcleo familiar como entidad legal, sino que garantizaran los derechos individuales de cada uno de sus miembros, con la promoción de la igualdad de género y la protección de niños, niñas y adolescentes.
Desde entonces, la efeméride sirve como termómetro para medir la salud del tejido social y, a lo largo de las décadas, el foco pasó de la supervivencia básica a temas como la conciliación laboral y el derecho al cuidado, reconociendo que una sociedad es tan fuerte como lo sean las relaciones que se gestan dentro del hogar.
LA IA Y LA CRIANZA
Uno de los tópicos más innovadores y complejos en la actualidad es la integración de la Inteligencia Artificial (IA) en la dinámica familiar, pues ya no se trata solo de asistentes de voz que reproducen música o leen cuentos.
La IA ha comenzado a gestionar horarios académicos, proponer planes nutricionales personalizados para los niños y actuar como facilitadora en el aprendizaje escolar.
Esta tendencia presenta un doble desafío, por un lado ofrece herramientas que mejoran el tiempo al reducir la carga administrativa de los quehaceres hogareños y por otro, hace planteamientos éticos sobre la privacidad de los menores y la posible delegación de funciones emocionales a los algoritmos.
Las familias actuales están aprendiendo a establecer «fronteras digitales», donde la tecnología sirve de soporte para la supervisión y el control parental, pero no llegará a reemplazar el contacto visual ni el acompañamiento humano de padres y representantes para desarrollo psicológico de los hijos y menores
»EMPRENDEDURISMO DIGITAL» EN FAMILIA
En las sociedades de avance elevado el concepto de hogar dejó de estar anclado a una vivienda de un vecindario, para abrirse paso en la consolidación del trabajo remoto, una evolución hacia las familias emprendedoras digitales, una tendencia que está rediseñando la educación y la convivencia.
Grupos familiares completos se desplazan por diversos países, sustituyendo la estabilidad de un barrio por una «educación de mundo», movilidad que forzó a las instituciones educativas a flexibilizar sus modelos y fortalecer el vínculo interno de la familia, que se convierte en la única constante dentro de un entorno físico cambiante.
El desafío aquí reside en cómo estas familias mantienen sus raíces culturales y a la vez construyen redes de apoyo social, las llamadas «tribus», en un contexto de transitoriedad permanente que implica crear una red de sostén con personas elegidas (amistades, vecinos, otros padres) que reemplazan la familia extendida tradicional y compartir la carga emocional y física de la crianza, ofreciendo contención sin juicios.
THAIMARA ORTIZ
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