CIUDAD MCY.- En una era dominada por el poder, los ponches y los turnos cada vez más cortos, el promedio de bateo se ha convertido en una estadística en peligro de extinción. Por eso, el dato no pasa desapercibido: solo dos bateadores lograron superar los .300 de average en tres de las últimas cuatro temporadas en las Grandes Ligas. Sus nombres dicen mucho del contexto actual del béisbol: Aaron Judge y Luis Arráez.

La presencia de Judge en esa lista confirma su condición de bateador completo, capaz de combinar fuerza descomunal con consistencia. Sin embargo, el caso de Luis Arráez es todavía más simbólico. Su llegada a los Gigantes de San Francisco se vuelve especialmente relevante para una organización que terminó 2025 con el sexto peor promedio de bateo colectivo en todo el béisbol.

Luis Arráez representa una anomalía estadística y, al mismo tiempo, una solución concreta para equipos que han sufrido para producir ofensivamente. Incorporar a un bateador que garantiza embasarse y elevar el AVG general cambia por completo la dinámica de una alineación.

Más allá de los números individuales, el impacto de Arráez se mide en estabilidad. Su presencia obliga a los lanzadores rivales a trabajar más cada turno, alarga innings y genera oportunidades para los bateadores de poder que lo rodean. No es casualidad que sus equipos encuentren mayor fluidez ofensiva cuando él está en el lineup.

En tiempos donde el .300 parece un recuerdo del pasado, Luis Arráez sostiene una forma de batear que muchos daban por perdida. Compartir ese logro con Aaron Judge no solo lo coloca en una élite estadística, sino que confirma que su valor va mucho más allá de una simple cifra en la pizarra.

FUENTE: MEDIOS INTERNACIONALES 

FOTO: CORTESÍA