Uno de cada tres estudiantes en el mundo ha vivido alguna forma de acoso escolar. Este 2 de mayo es recordatorio que prevenirlo no es responsabilidad de uno solo, es resultado de familias que escuchan, docentes que actúan y sociedades que deciden en favor de los vulnerados
CIUDAD MCY.- Durante mucho tiempo, lo llamaron «cosas de muchachos». Una pelea en el recreo, una burla en el pasillo, un apodo que se repite hasta volverse identidad. Lo normalizamos sin querer, porque no teníamos el lenguaje para nombrarlo con precisión. Hoy sí lo tenemos: acoso escolar o Bullying, una forma de violencia sistemática que no requiere golpes para dejar marcas.
Y precisamente, esa evolución del lenguaje trajo consigo la acción concreta de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al proclamar en 2019 el Día Mundial contra la Violencia y el Acoso Escolar, como respuesta a una problemática creciente que afecta a millones de estudiantes en todo el mundo. Darle mención al problema fue el primer paso, ahora corresponde brindar respuesta efectiva.
FECHA CON HISTORIA Y PROPÓSITO
Según informe de la Unesco de 2023, uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido víctima de acoso escolar en algún momento de su vida.
En Venezuela, investigaciones académicas regionales estiman que entre el 30 y el 50 por ciento de los estudiantes ha experimentado alguna forma de acoso durante su etapa escolar. Son cifras que no buscan alarmar, sino orientar porque detrás de cada porcentaje hay una historia y, sobre todo, una oportunidad de intervenir a tiempo.
A esto se suma una nueva dimensión del problema. Con el uso masivo de las redes sociales, los ataques pueden ser anónimos, persistentes y virales lo que borra la frontera entre el aula y el hogar.
El ciberacoso ha transformado las reglas del juego y exige que la respuesta institucional también evolucione.
JÓVENES QUE YA NO ESPERAN
Sin embargo, uno de los aspectos más esperanzadores de este esfuerzo colectivo es que sus protagonistas más activos son, precisamente, los jóvenes.
La organización social venezolana conocida como Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) trabajó con escuelas de Caracas, Miranda, La Guaira y Nueva Esparta para sistematizar ideas y escuchar a sus estudiantes.
El resultado fue un proceso participativo que culminó, en abril de 2024, con la entrega al Ministerio de Educación de un documento elaborado por adolescentes de cuatro estados del país, con diez prioridades concretas para promover la convivencia escolar y prevenir el acoso.
Los estudiantes abordaron desde la educación emocional hasta estrategias para la respuesta oportuna de casos de bullying, en los que se proteja a la víctima y se consideren a los actores involucrados, sus necesidades, intereses y contextos.
«De la escuela guardamos recuerdos y aquello que nos condiciona. Como estudiantes tenemos el derecho a alzar la voz», expresó Amanda Isturriaga, de 15 años, durante la presentación del documento. Una frase que resume con madurez lo que esta generación entiende mejor que nadie: que la escuela no solo enseña contenidos, también enseña a practicar la convivencia.
ACTO DE CORRESPONSABILIDAD
El acoso escolar es un asunto de derechos humanos que debe ser afrontado en corresponsabilidad por la familia, comunidades educativas y autoridades.
Esa arquitectura de protección sólo funciona cuando todos sus pilares están activos: docentes que observan y no minimizan, familias que escuchan antes de juzgar, e instituciones con protocolos claros donde el buen trato sea la norma y no la excepción.
REINYMAR TOVAR
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