Aunque un entrenamiento canino básico podría durar entre tres y cuatro meses, factores como la raza, edad, hábitos y la capacidad cognitiva individual de cada perro juegan un papel crucial en su comportamiento

CIUDAD MCY.- La escena se repite en miles de hogares cuando notamos un sofá destruido, ladridos incesantes a personas extrañas, o un paseo que parece más una carrera de resistencia que un momento de libre y calmado esparcimiento. Ante el caos, la mayoría de los dueños suspira y sentencia: “este perro salió malo”.

Sin embargo, para Daniel Rivero, el rostro detrás de la empresa de adiestramiento Dogmaster, la verdad es menos cómoda pero mucho más esperanzadora. La clave del bienestar canino no reside en el castigo, sino en un espejo donde el dueño debe aprender a reconocer sus propios errores.

DE CHEF A “TRADUCTOR” CANINO

​La historia de Rivero no comenzó en una academia, sino en el afecto por Dante, un perro que adoptó en Colombia y que se convirtió en su maestro. Lo que empezó como un hobby nutrido por tutoriales de YouTube, terminó siendo una vocación profesional tras profundizar sus estudios en una escuela de adiestramiento en Bogotá.

Al regresar a Venezuela, el destino y un socio que vio su talento en redes sociales, lo alejó de los fogones para llevarlo a los hogares y al Parque Las Ballenas. “Siempre se me dio más fácil la comunicación con los animales que con las personas”, confesó Rivero con la sencillez de quien ha encontrado su propósito.

Hoy, su labor no es solo enseñar a “sentarse” o “dar la pata”, sino actuar como un efectivo puente comunicativo.

ESPEJO DE CUATRO PATAS

​Durante una entrevista con nuestra casa editorial, Rivero afirmó que la mayoría de los problemas de conducta en los caninos se basan en desconocimiento y en los intentos por aplicar la “humanización” del animal. “Los humanos tendemos a pensar que el mundo es igual a nosotros. Discutimos con el perro, le hablamos mucho, pero el perro no entiende palabras, entiende repetición y asociación física”, explica.

​Uno de los puntos más críticos que destaca el entrenador es la gestión de las emociones del dueño. Rivero relata el caso de un perro agresivo que recuperó la paz en apenas una semana: “el problema era el dueño, se ponía muy nervioso y le transmitía esa energía al perro. Cuando el dueño cambió su forma de actuar, el perro cambió”.

​Este fenómeno se apoya en una premisa casi filosófica. Citando a Hipócrates, Rivero advierte que para curar a alguien, ese alguien debe estar dispuesto a renunciar a lo que le hace daño. “Si el dueño no está dispuesto a soltar sus propios miedos o malos hábitos, el canino seguirá atrapado en el mismo ciclo”, sentenció el entrenador.

ALGUNOS CONSEJOS

En medio de la conversación, Daniel afirmó que cuando una familia desea adquirir un canino, es importante realizar una investigación previa, no se recomienda empezar con razas grandes si no se cuenta con la experiencia de haber trajinado con perros de gran talla.

​Efectuar una gestión de premios como el afecto, la comida y el halago son estupendas estrategias. “Si el perro está sobreexcitado y lo saludas, le dices que saltarte encima está bien, solo en la tranquilidad debe haber premio”, aclara.

​“La disciplina no es autoritarismo sino amor con estructura”, en esta frase el experto insiste en que los golpes y gritos son herramientas del desconocimiento que solo fracturan el vínculo afectivo con el can.

​Al final, tener un perro equilibrado no depende de tener un “Border Collie” célebre por su capacidad cognitiva, sino de la voluntad del guía para entender que la comunicación es física y la paz es un hábito.

Como bien dice Rivero, un perro no es un humano de cuatro patas, es una naturaleza distinta que merece ser respetada, no reformada a nuestra imagen y semejanza. “La lección más grande que un perro puede dar, irónicamente, es enseñarnos a ser mejores humanos”, reflexionó Rivero.

REINA BETANCOURT│CIUDAD MCY

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