A 129 años de aquel primer kinetoscopio en Maracaibo, el cine en Aragua demuestra gozar de una salud creativa inquebrantable.
CIUDAD MCY.- Las tablas del majestuoso Teatro de la Ópera de Maracay (TOM) no solo vibraron con aplausos, sino con la proyección de realidades crudas y necesarias. En el marco de la celebración de los 129 años del cine nacional, la «Ciudad Jardín» se convirtió en el epicentro de la cinematografía venezolana, reuniendo a maestros del lente, nóveles cineastas universitarios y una audiencia ávida de reconocerse en la pantalla grande.
Bajo la coordinación de la Red de Cine y Audiovisual del estado Aragua, representada por Rubén Serrano y su equipo de trabajo, se desplegó una programación que integró la academia con la práctica profesional, demostrando que el cine en la región no es un evento aislado, sino un movimiento vivo que resiste y se transforma.
El ambiente en la Sala de la Ópera era de una «fiebre» compartida. Desde temprano, el murmullo de los asistentes, desde jóvenes con celulares en mano hasta veteranos de la cámara de 35m, presagiaba que este aniversario no era un simple protocolo.
Serrano, entre risas, recordaba que esta es una historia que viene desde finales del siglo XIX: «Es la fiesta de todos nosotros», afirmaba, mientras el aroma al cine de antes se mezclaba simbólicamente con la modernidad del recinto.
La jornada fue un viaje intergeneracional. La Coral Fe y Alegría ofreció un emotivo homenaje a los cineastas, mientras que las muestras de la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA), la Universidad Bolivariana de Venezuela y la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte) dejaron claro que el relevo está listo para tomar la cámara.
ENTRE LA LUZ DE LA PANTALLA Y LA SOMBRA DEL PRESUPUESTO
Rubén Serrano fue enfático al mencionar la «mermada de recursos» y los cambios presupuestarios que afectan al Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC). El cine venezolano, más que de divisas, parece sobrevivir por pura persistencia.
En un mundo lleno de «cacofonía materialista», el realizador local se levanta con «cualquier artilugio “mencionó Serrano.
VOCES QUE NARRAN LA IDENTIDAD
Luyo Castillo, productor audiovisual aragüeño radicado en Caracas que regresó a sus raíces para estrenar su ópera prima, resaltó que uno de los momentos más emotivos fue la presentación de «El tiempo que fue», obra de su autoría.
«Estábamos muy nerviosos, pero el abrazo que el público nos brindó fue un espaldarazo para seguir. El cine es un evento que nos convoca; nos saca de las pantallas chiquitas para vivir una experiencia colectiva», comentó Castillo.
Su cortometraje de 28 minutos contó con un elenco coral de lujo, incluyendo al maestro de las tablas César León, el joven Ricardo Ceballos y el debut de Jesús Busnego.
Castillo destacó la labor de la Red de Cine, quienes lo acompañaron desde sus días de estudiante esperando este momento.
Por su parte, el invitado especial Andrés Rodríguez, codirector del largometraje Turba junto a su hermano Luis, aportó la visión filosófica y crítica de la industria. Para Rodríguez, el cine venezolano es una búsqueda eterna de la idiosincrasia.
Al ser consultado sobre el futuro tecnológico, fue tajante: «Antes el cine era de élite. Hoy, si tienes hambre de narrar, puedes hacerlo con un celular, soy de la vieja escuela, un ser en extinción. No usaría IA; el cine convoca a seres humanos. Sin el factor humano, deja de ser cine».
REINA BETANCOURT
FOTO : CORTESÍA


