Desde la ruta hacia Pie del Cerro o el ascenso a la Colonia Tovar se distingue su silueta imponente. La leyenda dice que fue un guerrero que pidió descansar junto a su amada, y la montaña le concedió el sueño eterno sobre La Victoria
CIUDAD MCY.- Desde La Victoria, capital del municipio José Félix Ribas en el estado Aragua, se alza una silueta que ha despertado la imaginación de generaciones: El Indio Acostado.
Se trata de una formación montañosa que, vista desde la ciudad, asemeja el perfil perfecto de un hombre indígena recostado, con el pecho elevado, el rostro en calma y los brazos extendidos hacia el horizonte. No es una escultura ni una obra humana, es una creación natural que se ha convertido en símbolo de identidad para los victorianos, un punto de referencia y un motivo de orgullo local.
Quien transita por la vía hacia Pie del Cerro o se adentra en el camino que conduce a la Colonia Tovar puede distinguir con nitidez el contorno del rostro del indio que parece dormir sobre las montañas. La naturaleza, en este rincón aragüeño, esculpió con precisión poética la figura que hoy resguarda silenciosamente a la Ciudad de la Juventud.
LA LEYENDA DEL AMOR ETERNO
La tradición ha tejido en torno a esta montaña una historia de amor y sacrificio. Según cuentan los pobladores, en tiempos antiguos vivía un guerrero llamado Tiquire, valiente y leal a su pueblo, y por combatir en una batalla por defender un amor prohibido, sufre la perdida de la princesa Araguaney, hija de los espíritus del bosque y rival de su tribu.
Devastado, el indio subió hasta la cima más alta y pidió a los dioses que le permitieran descansar junto a ella para siempre. Conmovidos por su súplica, los dioses lo transformaron en montaña, y así quedó recostado eternamente mirando al cielo, guardando el valle de Aragua.
De esa leyenda surge la figura que los victorianos llaman hoy “El Indio Acostado”, una metáfora viva del amor eterno, de la fidelidad al territorio y de la conexión ancestral con la tierra.
SÍMBOLO DE IDENTIDAD ARAGÜEÑA
Más allá del mito, el Indio Acostado se ha consolidado como un emblema natural y cultural del municipio José Félix Ribas. Su imagen ha sido plasmada en murales, escudos escolares y proyectos turísticos; incluso, forma parte de la memoria colectiva de los habitantes, quienes lo mencionan con orgullo al hablar de su ciudad.
El cerro no solo marca el paisaje, sino también el espíritu de quienes viven a su sombra. Representa la fuerza y resistencia del pueblo aragüeño, que se levanta cada día con la misma serenidad y firmeza del gigante dormido. Desde las alturas, el indio parece custodiar las calles victorianas, sus plazas, sus tradiciones y su gente trabajadora.
NATURALEZA, HISTORIA Y ARRAIGO
El Indio Acostado es además un punto de encuentro para senderistas y visitantes que buscan conectarse con la naturaleza. Los caminos que rodean su silueta ofrecen vistas panorámicas del valle, y muchos aseguran que, al atardecer, el sol tiñe su contorno con tonos dorados que hacen más visible su rostro, como si el indio despertara unos instantes antes del anochecer.
En tiempos recientes, se ha propuesto su incorporación a rutas ecoturísticas que promuevan el turismo sostenible, reforzando la relación entre el paisaje natural y el patrimonio cultural de La Victoria.
MENSAJE DESDE LA MONTAÑA
El Indio Acostado no es solo una curiosidad geográfica, es una enseñanza silenciosa. Desde su reposo, invita a mirar hacia las raíces, a recordar que la tierra tiene memoria y que en cada relieve hay una historia esperando ser contada.
Mientras el viento recorre las laderas del cerro, los victorianos siguen encontrando en su figura un espejo de identidad: la calma después de la lucha, la paz tras la resistencia, y la certeza de que la belleza del territorio también puede ser un acto de fe.
El gigante dormido de Aragua no solo observa el valle. Lo protege, lo inspira y lo sueña.
REINYMAR TOVAR
FOTOS: CORTESÍA

