El «masking» o camuflaje social es un término moderno, pero su aplicación ha acompañado la historia de personas con necesidades de neruodesarrollo; por ello, a través de estas líneas, se profundiza el conocimiento sobre este tema
CIUDAD MCY.- Ante la conmemoración del Día Internacional del Síndrome de Asperger, este 18 de febrero, la narrativa comunicacional en el país comienza a desplazarse desde la simple efeméride hacia una realidad humana mucho más compleja y urgente.
Más allá de los mitos que rodean a esta condición, existe un fenómeno psicológico y social que marca la vida de miles de venezolanos: el «masking». Este concepto, que en español se traduce como camuflaje social, define el esfuerzo consciente o automático que realizan las personas dentro del espectro para ocultar sus rasgos naturales y mimetizarse con el resto de la población.
El camuflaje social funciona como una estrategia de supervivencia en un entorno que a menudo se muestra rígido ante la diferencia. En el contexto de las ciudades venezolanas, donde la interacción social es vibrante y cargada de códigos implícitos, la persona con Asperger se ve obligada a realizar una actuación constante. Esto incluye desde forzar un contacto visual que le resulta invasivo, hasta suprimir el lenguaje corporal para hacerlas aceptables por la mayoría.
El objetivo es presentarse como un individuo neurotípico, un término empleado en la neurología moderna para describir a quienes poseen un desarrollo y funcionamiento cerebral que encaja en los estándares estadísticos de la sociedad.
Sin embargo, esta adaptación forzada no es gratuita. El costo de sostener esta fachada de normalidad desemboca con frecuencia en lo que los especialistas denominan “burnout autista”, un estado de agotamiento profundo donde el sistema nervioso colapsa por la sobrecarga mental por monitorear cada gesto y palabra.
A diferencia del estrés cotidiano, este agotamiento puede inhabilitar a la persona por días o semanas, provocando un retiro total de sus actividades laborales o académicas.
CAMBIO DE PARADIGMA
En Venezuela, la falta de comprensión sobre este cansancio extremo suele llevar a juicios erróneos por parte de empleadores y familiares, quienes confunden el colapso con falta de interés o desidia.
La transición hacia una sociedad verdaderamente inclusiva requiere que el peso de la adaptación deje de recaer exclusivamente en el individuo. El reto para las instituciones, empresas y ciudadanos en el país es construir espacios donde la neurodiversidad sea comprendida como una variante natural de la experiencia humana y no como un error que deba ser ocultado.
Esta redacción reflexiva busca, en última instancia, desmitificar la idea de que la inclusión consiste en lograr que todos actúen de la misma manera. El reconocimiento del síndrome de Asperger en 2026 debe pasar por la validación de la autenticidad.
Solo cuando el entorno venezolano aprenda a convivir con diferentes formas de procesar la realidad, se podrá decir que la máscara del camuflaje ha dejado de ser una herramienta de supervivencia necesaria para convertirse en un vestigio del pasado.
MARÍA JOSÉ PARRA
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