Esta manifestación es la segunda procesión más grande e importante de Venezuela, marcando una tradición por más de un siglo cada Viernes Santo
CIUDAD MCY.- Por más de 140 años la calle Bolívar de Villa de Cura recibe la fe y devoción de un pueblo creyente en el poder del Santo Sepulcro.
Cada Viernes Santo, miles de feligreses se congregan en el municipio Zamora del estado Aragua para conmemorar la pasión y muerte de Jesús con una multitudinaria peregrinación.
Desde la casa donde reposa la imagen hasta la Iglesia Matriz San Luis Rey, el asfalto se volvió una marea de color blanco y morado.
La vocera del Poder Popular en la Gobernación de Aragua, Joana Sánchez, en compañía de la alcaldesa de la localidad, Anahis Palacios y autoridades regionales y municipales, hicieron acto de precaución para acompañar a los fieles durante el recorrido.
El pueblo se vuelve el epicentro espiritual de Venezuela, pues se trata de la segunda procesión más grande e importante de la nación; un escenario marcado por una arraigada tradición que se pasa de generación en generación, más allá del acto de pagar una promesa.
La representación de Jesús de Nazareth luego de la crucifixión es elevada por más de 400 hombres que conforman la Asociación Civil de Cargadores, a ellos se le suma el resguardo y organización de los centenares de cuidadores, quienes durante la peregrinación se encargan de velar por la impolitud del sarcófago de cristal, extención de los cables de luces, entre otras tareas.
Al compás de la música sacra, que jóvenes y adultos tocan en vivo, Jesús de Nazareth se encuentra con la virgen María en su advocación de «La Dolorosa», San Juan Evangelista y los fieles devotos.
MÁS QUE PETICIONES
El Santo Sepulcro de Villa de Cura posee un valor especial en el sentir de las familias venezolanas, e incluso de otros países.
Las promesas respondidas a través de los milagros se corresponden de diversas maneras, según la práctica y oración de cada persona.
Hay quienes caminan descalzos o de rodillas; quienes cubren sus ojos o amarran cuerdas al cuerpo; quienes visten de blanco o morado.
La historia de cada peregrino trasciende lo palpable y entendible por el hombre, allí entra el factor religioso; el amor de un hombre que siendo hijo del Rey dio su vida para el perdón de la humanidad.
Yolimar Rodríguez sufrió quemaduras de tercer grado a los 10 años de edad, tal fue la situación que su familia rogó la intersección de Dios a través del Sepulcro, luego de 17 intervenciones quirúrgicas y momentos de fe inquebrantables, hoy goza de un cuerpo sano y funcional.
Esta seria el 39° encuentro ante la imagen para agradecer por su vida, «Aquí estoy cumpliendo ese milagro concedido, porque la fe es lo que me tiene de pie para seguir luchando».
Naldy Rodríguez no «paga promesa», pero su arraigo como villacurana hace que cada viernes de la Semana Mayor la procesión sea su cita impostergable.
«Esto es una tradición, no existen palabras que puedan explicar lo que sentimos por el Santo, es nuestro orgullo, identidad y fortaleza».
Armando Torrealba cumplió 35 años como Cargador del Sepulcro, una experiencia que detalla como «herencia familiar», pues desde joven sus antepasados inculcaron el respeto e interés por la tradición.
«Puedo decir que es algo que llevo en la sangre, con orgullo y bastante fe, cada hombre del núcleo pasa por aquí».
THAIMARA ORTÍZ
FOTOS: GBA


