El motor de todos los países del mundo son las personas que día a día han hecho posible que la sociedad misma avance, a tal punto que quiera ser superada con la tecnología, pero esta jamás tendrá ese calor humano de querer “echar para adelante”
CIUDAD MCY.- Mucho se dice en las sobremesas y en los análisis internacionales sobre la característica del venezolano. Se ha intentado vender el mito de que en esta tierra impera el deseo de lo gratuito y la ley del mínimo esfuerzo. Sin embargo, esa narrativa carece de veracidad cada madrugada, cuando el reloj marca las cuatro de la mañana, las calles de ciudades y pueblos del país comienzan a poblarse de sombras que caminan con paso firme. No son personas esperando un milagro, son trabajadores esperando el transporte, público o privado, para movilizarse a las zonas industriales y empresas que producen el sustento diario de la nación.
Este 1ero de Mayo, Día del Trabajador, obliga a mirar más allá de la efeméride y reconocer la verdadera columna vertebral de Venezuela: una clase obrera y profesional que no se rinde ante la adversidad y que ha hecho de la resiliencia su mayor herramienta de producción.
EL MOTOR SON LAS MADRES
La lucha por la vida no conoce de pausas. Marifer Gómez, una joven mujer de 28 años, es el reflejo de esa energía inagotable. Con la responsabilidad de un hijo de ocho años sobre sus hombros, Marifer no se permite el desánimo.
Su jornada es un testimonio vivo de que el amor filial se traduce en productividad. Ella no busca que le regalen el futuro de su pequeño, ella sale a la calle a conquistarlo, demostrando que la juventud venezolana tiene metas claras y la voluntad necesaria para alcanzarlas, cumpliendo con cada objetivo impuesto en su entorno laboral con la mirada puesta en la vida que ambos merecen.
En esa misma línea de entrega se encuentra Milanyela Alvarado. Su historia dignifica el trabajo desde el hogar, ese espacio que muchas veces es invisible pero que sostiene la economía familiar. Milanyela, madre de hijos que hoy ya son adultos de más de 23 años, convirtió la costura en su lenguaje de progreso.
Durante décadas, entre hilos y telas, no solo vistió a su comunidad, sino que fue pieza clave en el crecimiento de su casa. Su realidad desmiente la idea de que quien se queda en casa no produce; por el contrario, las madres emprendedoras son hoy el motor de miles de hogares que resuelven el sustento diario con ingenio y disciplina.
JUVENTUDES CON EXPERIENCIA
El ímpetu de los nuevos rostros laborales también reclama su lugar. Aaron Cadenas, con apenas 20 años, rompe el estereotipo de la supuesta apatía juvenil.
A pesar de su corta edad, Aaron decidió sumergirse en el mundo laboral de forma temprana, enfrentando los tropiezos y las asperezas que la vida adulta suele presentar a quienes deciden ser independientes.
Su madurez no viene de los años, sino de los obstáculos superados. Hoy se declara agradecido por el aprendizaje, reafirmando que la juventud no está esperando dádivas, sino oportunidades para demostrar de qué está hecha.
Por otro lado, la voz de la experiencia la pone Jesús Córdova. A sus más de 70 años, Jesús es un monumento al trabajo manual y la constancia. Pasó toda una vida dedicado al oficio de latonero, un trabajo rudo que requiere precisión y paciencia.
Con tres hijos y una descendencia que ya suma varios nietos, su legado es tangible: una vejez tranquila junto a su esposa en su propiedad y, lo más importante, unas bases morales y materiales sólidas para que sus hijos también pudieran crecer. Jesús no es un hombre que vivió de favores, es un hombre que moldeó su propio destino con las manos.
Venezuela es el país de las madres que emprenden desde la mesa del comedor, de los jóvenes que aprenden el valor del sudor antes de los 20 y de los abuelos que, como Jesús, dejaron el alma en un taller para heredar dignidad.
DIGNIDAD Y ESFUERZO
En este Día del Trabajador, la narrativa de un pueblo que “lo quiere todo regalado” queda sepultada bajo el peso de los hechos.
El venezolano no pide que le den, pide que le dejen trabajar, que se respete su esfuerzo y que se valore esa lucha diaria que mantiene encendidas las luces de las empresas y los corazones de las familias.
Este es el homenaje a los que madrugan, a los que producen y a los que, contra todo pronóstico, siguen apostando por el trabajo como la única vía hacia la libertad personal.
MARÍA JOSÉ PARRA | CIUDAD MCY
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