CIUDAD MCY.- Más allá de la superficie, la distinción entre el manga y el cómic occidental radica en cómo ambos medios gestionan la relación entre el lector y el personaje. En el cómic occidental, especialmente en el mercado franco-belga o el estadounidense, el dibujo tiende a ser «objetivo».

El manga se caracteriza por su estilo artístico distintivo y por su lectura de derecha a izquierda, lo contrario de los cómics y novelas gráficas occidentales,además, abarca una gama extremadamente amplia de géneros y está dirigido a todos los grupos de edad.

Por su parte, el cómic es especialmente famoso por sus historias de superhéroes de Marvel o DC, aunque abarcan una variedad de géneros y estilos. El término «cómic» generalmente se refiere a cualquier narrativa visual que use secuencias de paneles para contar una historia.

Ambos son publicados en formatos de seriados o volúmenes lo que les permite consolidar una base de fans leales y promover un modelo comercial que impulsa a ambas industrias a seguir escribiendo épicas historias.

Los personajes mantienen una consistencia física rigurosa y el entorno se dibuja con una perspectiva arquitectónica clara. El trazo suele ser cerrado y definido, buscando una claridad narrativa donde cada elemento tiene un peso específico en la viñeta. Aquí, el artista actúa como un director de cine que coloca la cámara de forma que el espectador observe la acción desde afuera, admirando la majestuosidad o el realismo de la escena.

En el manga, la aproximación es mucho más «subjetiva» y emocional. Un recurso técnico fascinante es el uso de la simplificación icónica: un personaje puede estar dibujado con gran detalle en una viñeta seria, pero transformarse en un diseño minimalista o «chibi» en un momento de comedia.

Este contraste de estilos dentro de una misma página es casi inexistente en el cómic tradicional. Además, el uso del «efecto de máscara» en el manga, donde el protagonista tiene rasgos sencillos mientras que los fondos son hiperrealistas, facilita que el lector se proyecte a sí mismo dentro del personaje, facilitando una conexión emocional más profunda y directa con la historia.

El manejo del espacio también revela filosofías de producción distintas. Mientras que la industria occidental ha perfeccionado el sistema de «especialización» (donde un guionista, un dibujante, un entintador y un colorista trabajan en cadena), el manga suele ser la visión de un solo autor, el mangaka, apoyado por sus asistentes. Esto permite que el estilo visual evolucione de forma orgánica junto con la trama.

En términos de composición, el manga se atreve a romper los bordes de las viñetas con mayor frecuencia; los personajes «escapan» de los recuadros y las onomatopeyas se convierten en parte del dibujo mismo, vibrando con la acción. Mientras el cómic occidental se lee como una crónica visual estructurada, el manga se siente como un flujo de conciencia donde el movimiento y la emoción dictan el orden de las cosas.

La diferencia en el uso de las sombras marca una frontera técnica notable. En Occidente, el sombreado suele hacerse mediante el color o el «cross-hatching» (tramado cruzado de líneas) para dar volumen. En el manga, debido a su origen en las revistas de papel económico, se perfeccionó el uso de las tramas adhesivas o digitales, que permiten crear degradados de gris y texturas complejas sin usar una gota de color. Estos puntos y patrones otorgan al manga una elegancia visual única, logrando que el lector no «extrañe» el color, ya que la riqueza de los grises y la fuerza del negro puro llenan por completo el espectador sensorial.

MARÍA JOSÉ PARRA

FOTO: CORTESIA