En el marco del Mes de la Mujer, el Club de Musicoterapia «Esperanza y Armonía» y los voluntarios de Dr. Yaso transformaron las salas de quimioterapia del Instituto de Senología de Aragua en un refugio de notas musicales, risas y sanación espiritual

CIUDAD MCY.- El Instituto de Senología del Estado Aragua (ISENA), sirvió de escenario para que las personas que batallan contra el cáncer de mama recibieran una palabra de alegría y esperanza. No era una jornada médica convencional; era el Club de Musicoterapia «Esperanza y Armonía», una iniciativa que, próximamente cumplirá  su primer año, y se ha propuesto demostrar que este terrible flagelo  se combate con medicina, pero se vence con el alma.

LA SINERGIA DE LA ALEGRÍA

Ana Milagro Valladares, fundadora del club, camina junto a Fernando Ascanio con la determinación de quien entrega un tesoro. «Hace diez meses decidimos traer un mensaje de alegría a las sobrevivientes y sus acompañantes. Queremos regalarles los mejores cinco minutos de sus vidas», afirmó Valladares.

Valladares resaltó que en esta misión no están solos, ya que los voluntarios de Dr. Yaso Maracay se unieron a la jornada. Gabriela Ortega, con 17 años de trayectoria en la organización, explica la importancia de «desdramatizar» el entorno hospitalario. Para ser un «payaso de hospital» no basta con las ganas; Ortega señala que los más de 50 voluntarios pasan por rigurosos talleres y evaluaciones psicológicas, pues «tratar con pacientes requiere una responsabilidad absoluta».

Mientras tanto, Fernando Ascanio, productor del club, asegura que para el primer aniversario vendrán «grandes sorpresas».

SOY MÁS QUE UN DIAGNÓSTICO

La jornada académica y espiritual alcanzó su clímax con el conversatorio de la periodista Michelle Molina, titulado “Soy más que un diagnóstico: amadas y valientes”. Con una narrativa cargada de fe, Molina recordó a las pacientes que su identidad no reside en una historia clínica.

«Nuestra identidad es de hijas de Dios. Cada cicatriz en el cuerpo de estas mujeres no es una marca de derrota, sino un trofeo que representa una victoria», expresó Molina conmovida.

LA SANACIÓN QUE NACE DE ADENTRO

Por otro lado, Dumila Rengel, paciente desde hace un año y seis meses, es el testimonio vivo de esta filosofía. Tras ocho ciclos de quimioterapia y una cirugía realizada el pasado diciembre, Dumila habla con una vitalidad que desafía las estadísticas.

«Llegué aquí buscando sanación. Los doctores sanaron mi cuerpo, pero Dios sanó mi alma y mi espíritu», relata Rengel. Su mensaje para quienes apenas comienzan la batalla es tajante: «Hay que vivir la propia experiencia y no dejarse llevar por lo que dicen los demás. Si no tienes fe, no tienes vida. La oración de sanación es el motor diario».

REINA BETANCOURT 

FOTOS: CORTESÍA