CIUDAD MCY.- La depresión no siempre luce como una habitación a oscuras o un llanto incontrolable. Existe una versión mucho más sutil y peligrosa: la depresión silenciosa.
Este fenómeno describe a personas que, a pesar de sentirse profundamente rotas por dentro, logran mantener una apariencia de normalidad absoluta, cumpliendo con sus responsabilidades laborales, sociales y familiares sin que nadie sospeche su lucha interna.
A menudo se confunde la capacidad de hacer cosas con la salud mental. Sin embargo, en la depresión silenciosa, frecuentemente ligada a la depresión de alta funcionalidad, la actividad externa es una máscara.
El individuo utiliza el perfeccionismo y la productividad como mecanismos de defensa; mientras se mantenga ocupado, no tiene que enfrentar el vacío. Lo que nadie ve es el agotamiento extremo que sobreviene al cerrar la puerta de casa, cuando la máscara finalmente cae.
LO QUE OCURRE EN LA SOMBRA
Quienes la padecen experimentan una desconexión llamada anhedonia: la incapacidad de sentir placer. La vida se convierte en una lista de tareas.
Otros signos ocultos incluyen:
Irritabilidad sistémica: El dolor se traduce en falta de paciencia más que en tristeza.
Sentimiento de fraude: La culpa de estar mal «sin tener motivos aparentes».
Fatiga cognitiva: Dificultad para tomar decisiones simples debido al ruido mental.
LA IMPORTANCIA DE VALIDAR EL DOLOR
El mayor obstáculo para la recuperación es el miedo al juicio. Al no parecer deprimidos, muchos temen que sus sentimientos sean invalidados o vistos como ingratitud. Romper el silencio requiere entender que el sufrimiento no es proporcional a la tragedia externa, sino a la química y el estado emocional interno.
La depresión silenciosa es una emergencia. Detectarla a tiempo implica mirar más allá de la eficiencia y conectar con la vulnerabilidad humana detrás de cada «estoy bien».
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