Cada libro abierto es una vida que se suma a la propia. Una reflexión sobre lo que gana quien lee y lo que pierde, en silencio, una sociedad que cada vez lee menos
CIUDAD MCY.- Hay un momento que muchos recuerdan con una nitidez extraña, casi fotográfica: la primera vez que una historia los atrapó de verdad.
Tal vez fue en la casa de los abuelos, en un pupitre de la escuela o en la tranquilidad de una habitación cualquiera. Quizás comenzó por curiosidad, por una tarea escolar o incluso por el simple deseo de parecer más “intelectual”. Pero en algún momento ocurrió algo distinto: las letras dejaron de ser letras y comenzaron a convertirse en historias, paisajes y emociones. Ese instante, casi siempre silencioso, es lo que el Día Mundial de la Lectura celebra cada 7 de marzo.
No es, como podría parecer, una efeméride que existe sin más. Es un recordatorio urgente que nos invita a reflexionar sobre la época que vivimos donde la atención se fragmenta en segundos y los algoritmos dictan la importancia en los tópicos centrales, leer en profundidad es casi un acto de resistencia y poder de conocimiento.
ENTRE EL SILENCIO Y EL ENTENDIMIENTO
La lectura construye algo que ninguna otra tecnología ha logrado replicar: la capacidad de habitar otro cuerpo, otra mente, otra vida. Cuando leemos a Toni Morrison entendemos el peso de una historia que no es la nuestra.
Cuando abrimos un libro de Gabriel García Márquez o Isabel Allende, Latinoamérica se vuelve táctil. Esto no es metáfora, la neurociencia lo confirma, el cerebro lector activa las mismas zonas que el cerebro que vive la experiencia.
Cada libro que se abre es, en el fondo, una conversación diferida. El autor escribió desde su soledad, el lector responde desde la suya. Y en ese intercambio mudo nace algo que la pantalla rara vez produce: comprensión genuina.
CRISIS SILENCIOSA QUE NADIE QUIERE NOMBRAR
Los datos son incómodos. Según la Unesco, más de 750 millones de personas adultas en el mundo no saben leer ni escribir. En América Latina, los estudios de comprensión lectora revelan que buena parte de los estudiantes que terminan sus estudios de bachillerato o educación media superior no logran interpretar un texto de complejidad media. No es que no sepan decodificar palabras es que no saben extraer e interpretar significado.
LO QUE PERDEMOS CUANDO NO LEEMOS
Una sociedad que no lee es una sociedad que se vuelve más fácil de manipular. El pensamiento crítico, esa capacidad de cuestionar, de contrastar, de no aceptar la primera versión de los hechos, se forja página a página, argumento a argumento.
El lector habitual no es necesariamente más inteligente, es simplemente más difícil de engañar. Pero más allá de lo político hay una pérdida silenciosa. Quien no lee se priva de un recurso extraordinario frente al dolor: la posibilidad de descubrir que alguien, en algún otro siglo o rincón del mundo, ya sintió exactamente lo mismo que uno siente ahora, y precisamente en ese momento encontró palabras para nombrarlo.
El Día Mundial de la Lectura no es para los que ya leen, aunque se reconoce que ellos también necesitan su celebración, es sobre todo para los que todavía no han encontrado ese libro que les cambia la vida. Porque existe, siempre existe. Y espera con la paciencia infinita que solo los libros saben tener.
RESALTADO
“Una habitación sin libros es como un cuerpo sin alma” — Marco Tulio Cicerón
REINYMAR TOVAR
FOTOS: REFERENCIALES


