CIUDAD MCY.- Su vida fue un viaje de búsqueda constante, el cual cruzó el océano para pulir su talento en las mejores academias de Madrid y París, solo para regresar con una misión sagrada: darle rostro a la gloria de Venezuela.
Con una maestría que rozaba la perfección, Tovar se convirtió en el gran cronista de una nación que necesitaba verse a sí misma con dignidad. Su pincel no se conformó con el lienzo pequeño; él soñó en grande, por lo que elevó su mirada hasta la cúpula del Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo.
Allí, dio vida a la Batalla de Carabobo, una obra tan monumental que, al verla, casi se puede escuchar el galope de los caballos y el clamor de la libertad. Pero más allá de la épica, Tovar fue un hombre de una honestidad inquebrantable.
Sus retratos no buscaban solo el parecido físico, sino el alma de sus protagonistas. Él sabía que su obra era un mensaje enviado al futuro, por eso solía decir con convicción: “Mi pincel no miente; él es el encargado de decir la verdad a la posteridad”.
FUENTE : VTV
FOTO : CORTESÍA
