Se hace propicio recordar que un día como hoy se iniciaría otra manera de contar historias. Las imágenes en movimiento se fueron haciendo más común entre los venezolanos

CIUDAD MCY.- En la penumbra de una sala, frente a una pantalla blanca, el tiempo se detiene. El cine es ese lugar mágico donde lo imposible se vuelve cotidiano, donde las historias más fantásticas cobran vida y nos permiten, por un par de horas, desconectarnos de la realidad para viajar a lugares lejanos o vivir vidas ajenas.

​Para Venezuela este arte no es solo entretenimiento, es un espejo de nuestra identidad, es nuestra cultura. Por ello, cada 28 de enero conmemoramos el Día del Cine Venezolano, una fecha que simboliza el nacimiento de nuestra memoria audiovisual y el inicio de un camino lleno de luces, sombras y mucha pasión por lo que se proyecta en la pantalla.

TODO COMENZÓ EN MARACAIBO

​La historia del cine nacional es de las más antiguas del continente, remontándose a finales del siglo XIX. El punto de partida fue el majestuoso Teatro Baralt de Maracaibo, donde el 28 de enero de 1897 se proyectaron las primeras imágenes en movimiento capturadas en suelo venezolano.

Gracias al ingenio del fotógrafo marabino Manuel Trujillo Durán y al empresario Luis Manuel Méndez (quien trajo el Vitascopio de Thomas A. Edison desde EEUU), nacieron las dos primeras piezas documentales y fueron dos cortos: “Muchachos bañándose en la laguna de Maracaibo”, con un vistazo a la cotidianidad de los jóvenes en el lago y “Un célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa”, curiosa escena de la medicina de la época.

Aunque hoy no existen copias físicas de estas cintas, su legado vive en cada fotograma que se reproduce digitalmente.

 

LA EVOLUCIÓN: DEL REALISMO SOCIAL A LA ERA DIGITAL

​Con el paso de las décadas, el cine venezolano forjó una identidad propia. Durante gran parte del siglo XX, nuestras películas se convirtieron en un reflejo crudo y necesario de la realidad social. Historias sobre la desigualdad, la pobreza, la delincuencia y los dramas humanos más profundos hicieron que el espectador se viera retratado, por primera vez, con su propia idiosincrasia y lenguaje.

Y es en 1974 cuando se establece un antes y un después con la creación de la Fevec (Federación de Centros de Cultura Cinematográfica) y la ANAC (Asociación Nacional de Autores Cinematográficos), dándole un carácter industrial y profesional al sector.

La llegada del siglo XXI trajo consigo la democratización tecnológica. El cine digital redujo costos y elevó la calidad técnica, permitiendo que las producciones venezolanas compitieran de tú a tú con la oferta internacional

CARTELERA DE ORO

​Nuestras producciones han conquistado los festivales más prestigiosos del mundo, desde Cannes hasta Venecia. Aquí te presentamos una selección de títulos imprescindibles para entender nuestro catálogo cinematográfico de los últimos 50 años.

  • Desde allá (2015), dirigida por Lorenzo Vigas, hizo historia al ganar el León de Oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Venecia.
  • El exorcismo de Dios (2022), película de terror dirigida por Alejandro Hidalgo, destacada por ser un éxito de taquilla internacional, superando los dos millones de espectadores.
  • La casa del fin de los tiempos (2013), registrado como el primer thriller de suspenso y terror venezolano; ópera prima de Alejandro Hidalgo, protagonizada por Ruddy Rodríguez, Gonzalo Cubero y Rosmel Bustamante.
  • Azul y no tan rosa (2012), coproducción hispano – venezolana dirigida por Miguel Ferrari, ganadora del Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana.
  • El manzano azul (2012), film elegido como mejor largometraje de ficción venezolano en el Festival de Cine Latinoamericano y Caribeño de Margarita.
  • Miranda regresa (2007), destacada producción venezolana dirigida por Luis Alberto Lamata y protagonizada por Jorge Reyes, centrada en la vida del “Precursor” Francisco de Miranda y primera producción de la Villa del Cine, narra su lucha por la independencia hispanoamericana.
  • El pez que fuma (1977), dirigida por Román Chalbaud, es considerada un clásico fundamental del cine venezolano.
  • Araya (1959), dirigida por Margot Benacerraf, resultó ganadora del Premio de la Crítica en el Festival de Cannes.

​Celebrar el cine venezolano es celebrar nuestra capacidad de resiliencia y creatividad. Es un espacio para recordar lo que hemos sido y seguir impulsando el crecimiento de un arte que, a pesar de los desafíos, sigue contando nuestras verdades con belleza y valentía.

YORBER ALVARADO 

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