
Ciudad MCY-. Ser madre es el regalo más grande que una mujer puede recibir de parte de Dios, es entregar su vida, tiempo, dedicación, amor, cuidado, entre otras emociones, para proteger de la mejor manera la bendición que recibió.
Una mujer al convertirse en madre se desprende de gustos, salidas con amigas, tiempo de calidad para ella, fiestas, entre otras cosas, para dedicarse plenamente a atender el preciado regalo que Dios decidió entregarle.
Ella es capaz de “sacarse el pan de la boca” para alimentar a su hijo/a, es aquella persona que da la vida por ver crecer al pedacito de ser que salió de su vientre. Es el amor más cercano al amor de Dios. Tener una madre es el regalo más grande que puede existir para una persona, es por ello que debemos cuidarlas, respetarlas, consentirlas y mimarlas, porque, aunque tengan un carácter fuerte, ellas siempre procuran lo mejor para sus hijos.
Se debe valorar a las madres mientras la puedas tener, cuidarla mientras esté cerca, besarla cuando aún ella pueda sonreír, decirle lo mucho que la amas mientras pueda respirar. Es el ángel que Dios te asignó para cuidarte durante tus días en la Tierra.
La mujer es un ser tan completo que puede cumplir diferentes roles como ser hija, hermana, esposa, amiga, mamá y todo desarrollarlo de una manera impecable, es por ello que diferentes madres expresaron este hermoso sentir.

MADRES, SIEMPRE MADRES
María Gutiérrez comentó lo difícil que ha sido ser mamá y sacar adelante a sus hijos, pero la satisfacción que siente al ver que su trabajo ha sido bueno. “Yo tuve hijos a los 23 años, estaba muy joven en aquel momento, hoy en día tengo dos hijos, una niña y un niño, y para mí es lo mejor que me ha pasado. El sacrificio que hice en un principio valió la pena”, aseveró.

Carolina Verenzuela compartió como se siente al tener una hija de 15 años. “Mi hija Ángela es todo para mí, siempre le he enseñado buenos valores y principios. Los hijos son una bendición y una mujer hace lo que sea por sus hijos, sacrifica muchas cosas con tal de ver felices a sus hijos”, expresó.
Guillermina Terán, a pesar de su rol de madre nunca dejó de trabajar. “Di a luz a los 25 años, desde muy joven siempre estuve trabajando para mantener a mi bebé. Yo sola me encargué de él, mamá me ayudaba a cuidarlo cuando estaba en el trabajo, ella me ayudó mucho (…) hoy en día estoy muy orgullosa de mis hijos”, relató.

El amor de madre es un sentimiento demasiado grande e incomparable. Por eso Dios escogió a la mujer para asignarle dicha tarea tan importante. El objetivo es muy fácil, devolverles un poco de todo ese amor que nos dan continuamente, respetándolas, valorándolas, protegiéndolas y consintiéndolas para siempre verlas felices.
Las madres son un regalo de Dios que en su juventud nos asignaron para cuidarnos, hoy, somos nosotros lo que tenemos esa juventud para agradecerles en su vejez todo lo especial que han hecho por sus hijos.
ANAÍS RONDÓN

